La inteligencia artificial (IA) se ha convertido en un factor electoral incómodo en Estados Unidos, debido a la preocupación de los ciudadanos y las donaciones millonarias de la industria tecnológica en propaganda. Los candidatos demócratas y republicanos se han opuesto a la construcción de centros de datos, que consumen mucha energía y agua, y han reclamado auditorías independientes de los sistemas de IA. La falta de regulación y la incertidumbre sobre las políticas públicas en este ámbito han generado tensión en el electorado.